Continuando con la presentación de algunas obras centrales del arquitecto norteamericano Richard Meier, en este post veremos su proyecto para el Centro Getty de las artes, ubicado en las colinas de Santa Mónica en las inmediaciones de Los Ángeles, California.

Emplazamiento del museo en las colinas de Santa Mónica.
Imágenes Google Earth
El centro Getty es notable no sólo por su interés de presentarse como una moderna Acrópolis norteamericana, por la elegante calidad de su arquitectura, por la riqueza de las colecciones que alberga ni por el exorbitante costo de su fábrica (mil millones de dólares), sino por haber sido un interesante concierto de deseos y voluntades, que vieron su culminación tras 14 años de conversaciones y discusiones entre los proyectistas, el cliente y la población.
Panorámica del conjunto desde el Noroeste
Foto Cortesía de Richard Meier & Partners Architects
La fundación en memoria del magnate petrolero J. Paul Getty, encomendó al arquitecto norteamericano Richard Meier, ganador del prestigioso premio Pritzker, la construcción de un complejo cultural sobre un terreno de 110 acres dominando el Océano Pacífico y el valle de Los Ángeles.
Panorámica del conjunto desde el Noreste
Foto Cortesía de Richard Meier & Partners Architects
EMPLAZAMIENTO
Meier, conocido por su refinado manejo del espacio y la luz, así como por su rigurosa disciplina a la modulación geométrica, organizó el conjunto basándose en dos direcciones principales: el ángulo recto, correspondiente a la cuadrícula de Los Ángeles y un giro de 22.5 grados correspondiente a la autopista de San Diego. Con singular destreza, Meier colisiona ambas geometrías y siguiendo una modulación de 30 por 30 pulgadas moldea, ensambla, macla edificios, tallándolos en su interior al compás de sensuales tamices de luz y liberando al exterior secuencias de espacios y plazas, enmarcando las vistas de su extraordinario entorno paisajista.
Es notable la integración entre interior y exterior logrado por el arquitecto, quien enarbolando raíces modernistas organiza estos edificios a través de plazas, puentes, rampas, escalinatas o relaciones visuales.
1. Auditorio. 2. Instituto de Información Getty. 3. Instituto de Conservación/Instituto de Educación para las Artes. 4. Museo J. Paul Getty. 5. Plaza de llegada 6. Restaurante/Café. 7. Jardín Central. 8. Instituto de Investigación para la Historia del Arte y Humanidades.
Axonométrica. Imágenes cortesía de Richar Meier & Partners Architects
EL ACCESO
Tras arribar al complejo por la autopista de San Diego e ingresar al estacionamiento se asciende por un tranvía no contaminante, que deslizándose sin fricción por un colchón de aire se desplaza hasta la cima de la colina. Este viaje fue concebido para dar al visitante la sensación de una experiencia más allá de lo cotidiano. La estación superior, cuyo andén presenta una estética singular, prepara al visitante para ser recibido en una plaza de llegada.
LA PLAZA DE LLEGADA
Planta baja de la Plaza de entrada, cortesía de Richard Meier & Partners Architects
Al llegar a la plaza de entrada la circulación se distribuye hacia la zona del museo o hacia la zona administrativa. En esta última, ubicada en el extremo Noreste del conjunto, se encuentra un Auditorio con capacidad para 450 personas y destaca por su techo curvo. El foyer, de paredes también curvas acristaladas, se adosa lateralmente al volumen y se comunica con una pequeña terraza mediante una puerta sobre la que se ha instalado una marquesina metálica monumental.
Marquesina mostrando el ingreso al auditorio
Al este del auditorio se encuentra el edificio del Instituto de Información y Administración, un bloque de 6 pisos ubicado al borde de una quebrada. El bloque ha sido descompuesto según el vocabulario modernista y corbuseriano típico de Meier, ofreciendo una escala humana y no un gran bloque de oficinas. Los cuatro primeros pisos son ocupados por la Fundación y los dos últimos para computación e información.
El auditorio junto al Instituto de Información desde la plaza de ingreso
Vista del Instituto de Información. Imagen cortesía de Richard Meier & Partners Architects
Frente a éste se ubica el Instituto de Conservación, Educación y Becas, cuya forma en L se halla colocada sobre un terraza semicircular con formidables vistas hacia Beverly Hills. En la esquina noreste del se ubica una biblioteca de forma cilíndrica, mientras que hacia el oeste el edificio define un pequeño espacio público con el auditorio y el Instituto de Información. Destacan la escaleras en forma de tubos cilíndricos.
Escaleras del Instituto de Conservación, Educación y Becas. Foto cortesía de Devilsh Wahoo
Hacia el oeste de la plaza de llegada se encuentra el vistoso Restaurante Panorámico, un volumen de tres niveles con capacidad para 650 personas, cuya fachada de vidrios y celosías ondulantes abren sus vistas a la terraza que ofrece espléndidas vistas hacia el océano para sus comensales.

Desde la plaza de ingreso se desparraman también las escalinatas de acceso al museo, en una alusión al Partenón griego.
Plaza de ingreso y escalinatas. Panorama por silber219
Las escalinatas, acompañadas por el fino sonido de una pátina de agua que discurre formando pequeñas cascadas y por el otro por maceteros dispuestos también como cascada, conduce al imponenete volumen del museo, cuyas celosías curvilíneas evocan otras obras de la factura de Meier, como el Atheneum, en New harmony, Indiana. En la entrada al museo se ubica una enorme marquesina, similar a la del auditorio pero más grande, suspendida por dos cables tensores.
Detalle de la escalinata de ingreso: a la izquierda. el juego de agua en cascada, a la derecha al medio pueden verse algunos de los macetones acomodados en cascada. Al fondo a la derecha, la celosía curva, al fondo al fedio, se puede apreciar la marquesina de ingreso. Foto C. Zeballos.
Tras atravesar la marquesina, un espacio cilíndrico de triple altura nos recibe. El efecto espacial es impresionante, mientras una rampa helicoidal rodea la pared del cilindro. Desde allí se puede acceder a una pequeña librería con productos del museo.
Detalle de la farola central, cortesía de Blu iguana
Vista nocturna del lobby de acceso cortesía de Drew to you
Ueber Organ. Instalación temporal acústica en el lobby del Getty Center.
Foto cortesía de Rasputina
LA PLAZA CENTRAL

La Plaza Central es el espacio urbano más logrado en el conjunto del Getty, no sólo por su tratamiento paisajístico en sí, si no fundamentalmente por la el juego de los volúmenes que lo definen e interactúan con él y por el criterio acertado con el que esta plaza se abre ocasionalmente hacia el jardín y el valle, regalando al visitante majestuosas vistas del paisaje.
Muchas son las concesiones que Richard Meier tuvo que hacer durante la elaboración del proyecto. Su famosa arquitectura albina tuvo que ser cambiada a una grilla de color beige claro. Para dar un carácter más amigable a la arquitectura racional meieriana se utilizaron módulos de mármol travertino al bruto, extraídos de canteras italianas (y que también guardan el módulo de 30 * 30 pulgadas). Muchas de las obras al interior de museo son exhibidas en serenos interiores, para los que un detallado estudio de la luz natural fue realizado por el arquitecto. No agradó mucho a Meier que algunos de los ambientes fueran decorados reproduciendo un palacio versallesco, con tapices y mobiliario típico de la Francia de los Luises, en vez de seguir la correspondencia de la sobriedad racional del edificio. Sin embargo, los dueños de la fundación insistieron en dar al público una sensación más exacta de lo que significó el pasearse por esa opulencia rococó.
EL JARDÍN CENTRAL
Pero lo que más contrarió a Meier fue la realización de un jardín escultórico a cargo del artista Robert Irwin. El diseño paisajista sido meticulosamente cuidado para ofrecer al visitante diversas sensaciones mediante la inclusión de plantas estacionales, árboles metálicos estilizados y un cañón serperteante de vegetación que acompaña a un riachuelo que discurre produciendo diferentes tipos de sonidos conforme va descendiendo hacia una pileta central. Pero lo que disgustó al arquitecto es que este diseño no se compatibiliza en absoluto con la arquitectura racional y ordenada del complejo y aparece como un capricho individualista y descontextualizado, o para citar al propio Meier, “un desastre completo”.

La exquisita y racional elegancia de la arquitectura del centro Getty, sin embargo, ha sido criticada por su excesiva rigidez geométrica y su falta de “humanización” de los espacios. Comparativamente con la frenética experiencia que ofrece el museo Guggenheim en Bilbao, el Getty adolece de fantasía y poder. Un emblema del modernismo corbusierino, que ya no luce tan joven y fresco a inicios del siglo XXI.

No obstante, es imposible negar la genialidad y el oficio de este maestro norteamericano, su capacidad de conciliación y su flexibilidad así como por su singular consideración al entorno y al paisaje.
artículo gentileza de Mi Moleskine Arquitectónico









