En estos días se acaba de inaugurar oficialmente la ampliación del Museo del Prado de Madrid, proyectada por el arquitecto español Rafael Moneo. Aparte del indudable interés arquitectónico del proyecto, la polémica entre el edificio-objeto de arte para un museo y el edificio al servicio del arte, nos impulsa a presentar extensamente este proyecto como un aporte al tema. Por otra parte, la gran cantidad de visitantes españoles a Urbalis Blog, nos compromete a ser extremadamente rigurosos para poder cumplir con los requerimientos de información que pueden esperar de un sitio especializado como lo es Urbalis.
Por muchos años el Museo del Prado ha sido un secreto a plena vista. Los años de aislamiento de España, el deterioro durante la era Franquista y la posterior incompetencia institucional crearon este estado de narcolepsia. Por años los rumores de filtraciones de agua en las salas se unian a las declaraciones de otro mas de los Directores prometiendo cambios antes de evaporarse en el olvido. Todo esto colaboró a que el Prado fuese un lugar un poco dejado por el mundo, si no hubiese sido por los buses llenos de turistas japoneses. En realidad esto tenía un cierto encanto. Mientras otros museos nos llenaban de eventos y galas, y contrataban arquitectos de moda para hacer sus insólitos edificios nuevos o ampliaciones de los existentes, enfocados a contar el éxito por la cantidad de visitantes y no por la calidad y cuidado de sus exposiciones, el Prado se mantuvo con sus Velasquez y sus Goya, los Tintoretos y Ticianos, expuestos en esas grandiosas salas enormes un poco venidas a menos. Enfrentados a estas espléndidas pinturas, en realidad el entorno pasaba a segundo plano.
Bueno, eso era antes. En los últimos años el Prado ha venido contratando a un equipo de curadores jóvenes dirigidos por Miguel Zugaza, quienes desarrollaron un programa de recuperación que ha colocado al museo nuevamente en el lugar que le corresponde, como uno de los museos mas importantes del mundo. Mas de 2 millones de visitantes en 2006, cantidad que se incrementará sustantivamente con la apertura de esta ampliación al museo, que le agrega 22.000 M2.
Los críticos reclaman que su costo final excedió infinitamente el presupuesto inicial, ya que el costo final superó los 200 millones de dólares. Pero eso es lo usual en ampliaciones ¿Acaso la ampliación de vuestra cocina no dobló – a lo menos – lo que se tenía previsto al comienzo?.
Esta ampliación proyectada por el arquitecto español Rafael Moneo (70)
lleva al museo al siglo 21, después de haber permanecido pegado en el S.XIX por décadas. Esto lo logra racionalizando y modernizando la planta física del museo.
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Hasta ahora, cada vez que se hacía una exposición temática, parte de la exposición permanente tenía que ser demontada y guardada en galerías y pasillos, ya que no existían lugares donde dejarla. Los visitantes entraban por una entrada lateral no apta para grandes masas de personas, ya que el museo no disponía de una entrada verdaderamente funcional.
La extensión que permite liberar espacio en el edificio principal, enfrenta problemas tales como entregar un acceso centralizado,
crear salas para exposiciones temporales, agregar una sala auditorio y reemplazar la antigua cafeteria ubicada en el subterraneo, lo que le daba un cierto aire de Gulag, por un café de marmol negro y maderas. Todo lo realizado está enfocado hacia el objetivo principal de la dirección del Prado: Poder mostrar de mejor manera la colección del museo. Esto llevó a Moneo a plantear un plano tan conservador, que en realidad ha resultado ser absolutamente radical.
El antiguo edificio del museo, un mamotreto neo-clásico al cual se le fueron haciendo adiciones desde el principio del Siglo XIX, terminó siendo un objeto de culto para los españoles. En realidad no tiene grandes méritos arquitectónicos, pero – en fin – el amor es ciego. El nuevo acceso al museo revive el criterio aplicado por Juan de Villanueva quien lo construyó en 1785, conectando la llamada puerta de Velázquez, que abre hacia uno de los principales bulevares de Madrid, con un nuevo vestíbulo. Este recinto con forma de ápside, en piedra y bronce, tiene muros de color rojo pompeyano (según dice Moneo). Uno podría disentir de esta opinión y decir que en realidad son mas bién color sandía.
Desde el vestíbulo el plan de Moneo lleva a los visitantes hacia un segundo lobby con forma de cuña, clavada en el costado del antiguo edificio del museo. El cielo está revestido en bronce y las ventanas son de cielo a piso. Desde este lobby se llega a las galerías para exposiciones temporales.
Una de las características mas logradas en el diseño de Moneo, es el jardín sobre el techo que se integra admirablemente bien con el entorno urbano. Está resuelto mediante setos de Boj, en una disposición clásica europea. Esto resuelve arquitectónicamente el problema crucial de como hacer calzar los recintos de servicios en el subterraneo atrás del edificio antiguo y además conectarlo con el claustro del siglo XVII ubicado a una cuadra de distancia.
El claustro de Los Jerónimos, blanco de los cañones franceses hace 200 años, permaneció en un estado de creciente deterioro hasta mediado de los 1990, en que el Museo del Prado anunció que lo utilizaría como parte del Campus. Los vecinos, temiendo años de ruidosas construcciones y polvo, inmediatamente despertaron e iniciaron un recurso en contra del Prado, declarando que el uso del claustro era un sacrilegio. Esto llevó a una prolongada y enconada batalla de editoriales que se extendió mas de una década, hasta la presentación del proyecto de Rafel Moneo, quien – con mucha finura y percepción del conflicto – resolvió el problema haciendo un gran edificio subterraneo para las galerías temporales, sobre el cual se reconstruyó el antiguo claustro (el que fué desmontado pieza por pieza y restaurado). Exactamente en el mismo lugar donde estaba erigido originalmente. El claustro ahora queda cerrado mediante ventanas y con un techo vidriado que crea una gigantesca claraboya. Se integra al edificio del museo como una pieza de arte escultórico, lo que acalla las críticas de sacrilegio, aún cuando entrega una solución un tanto esterilizada al lugar.
En el piso del claustro, Moneo ubica un clerestorio de acero y vidrio, que entrega luz a las galerías subterraneas, aquietando un poco la sensación de claustrofobia propia de los recintos bajo tierra.
Desde la calle, lo único que se ve de todo el conjunto, es una edificación en ladrillo, piedra y vidrio, austera y un poco anónima con un cierto aire discreto de edificio público, que se integra perfectamente al entorno del barrio. La única excepción son las puertas de bronce macizo diseñadas por Cristina Iglesias, con un motivo que semeja racimos de parras.
Quizás sea conveniente recordar que el Prado nunca fué pensado como un museo enciclopédico del tipo del Louvre o del Metropolitan. Se inicia como una colección real que se forma en base a los gustos de los encargados, que fueron pintores, tales como Velázquez y Goya, no con historiadores del arte como en esos otros museos. Esta característica, en la cual está implícita el gusto personal de los pintores-encargados de la colección real, da como resultado una selección de obras absolutamente singulares. El Museo del Prado es un tour-de-force para quienes quieran estar en contacto con la gran pintura mundial. Sería una pérdida enorme si el Prado cambiara su enfoque y se acercara mas a la tónica imperante hoy día en la museística internacional.
Un recuerdo de que el Prado siempre ha tenido una colección de espléndidas esculturas recibe a los visitantes al entrar al gran vestíbulo sandía, donde se encuentran con estatuas helénicas del Tívoli. La intervención de artistas contemporáneos en el museo, no solo está representada por las puertas de Cristina Iglesias, sino también con la incorporación de proyectos especiales como las fotografías de Thomas Struth insertadas entre las pinturas.
Se han traido las obras españolas del siglo XIX que estaban ubicadas en la Casona del Buen Retiro, las que ahora ocupan las salas de exposiciones temporales, como una forma de permitir al público español reencontrarse con este patrimonio, aún cuando puede que no sean obras atractivas para el grueso público. Es un gesto valiente e interesante para inaugurar esta nueva etapa del Prado.
Obviamente el público vendrá a ver la colección clásica del museo ubicada en el edificio antiguo, la que podrá ahora ser reinstalada racionalmente aprovechando las nuevas salas disponibles. En palabras del Director Zugaza “Ahora, el edificio antiguo es la verdadera extensión del Prado”.
Hay que dar crédito a Rafael Moneo, cuya aproximación humilde y respetuosa, sabiamente elige no entrar en competencia con las obras de arte que alberga el museo. La extensión del Prado se aleja de la búsqueda del protagonismo arquitectónico que es la impronta de los nuevos museos mundiales, en los que los creadores compiten por crear el edificio mas original y novedoso posible.
Estamos en una era en la que los edificios de los museos son parte de la muestra misma. Ya no se va a un museo a mirar las exposiciones solamente, puesto que el edificio puede ser mas importante que el contenido que alberga. ¿Es esto bueno o malo?, esta discusión se la dejamos a los expertos y a la gente con mucho tiempo en sus manos.
Fuentes: The New York Times, The Guardian, El País, Terra españa. Fotografías originales de The New York Times, The Guardian, Terra españa, El País, ARQtipo. com, Reuters, Angel Rollón. Adaptación y traducción de Urbalis
El nuevo Prado se inaugura con sus tesoros escondidos del siglo XIX
El martes 30 de Octubre los Reyes de España inauguraron oficialmente la exposición y los nuevos espacios del Prado. Esta exposición con la que el museo “recupera una historia de identidad perdida”, según el director del Prado, Miguel Zugaza, supone el redescubrimiento de la colección de pintura moderna, uno de los fondos más numerosos del museo y “la colección de pintura moderna española más importante del mundo”..
Con “La marquesa de Santa Cruz”, de Francisco de Goya, se inicia el recorrido de la exposición “El siglo XIX en el Prado”, con la que sale a la luz uno de los tesoros “escondidos” del museo y se pone en marcha la ampliación más importante de su historia.
A pesar de su importancia, esta pintura ha sido hasta ahora la gran desconocida y no se expone desde 1997. Durante este tiempo, se ha revisado y restaurado una colección “sin la que no se puede escribir la historia del arte”, según Zugaza, quien dijo que “el nuevo Prado se inaugura con el propio Prado”
Esta re-entrada de la pintura del XIX, “paso gigante respecto a la museística española”, se realiza con tres décadas de retraso respecto a otros museos del mundo, en opinión del jefe de conservación del siglo XIX y comisario de la exposición, José Luis Díez. La muestra va a ser “un gran redescubrimiento y una gran sorpresa para el público”, que lleva diez años sin contemplar las pinturas, afirmo Díez, quién junto a Javier Barón asumió el reto de seleccionar las 95 pinturas exhibidas -que se integrarán en la colección permanente- entre las tres mil que componen la colección del XIX, “lo que muestra el grado de excelencia de la exposición”.
El gran número de obras “ha permitido que se puedan representar con claridad cada uno de los periodos artísticos”, comentó Barón, quién junto a Díez ha planteado un recorrido dividido en nueve secciones que resumen la historia del arte español del XIX, de Goya a Sorolla. El primer gran ámbito está dedicado a Goya y el Neoclasicismo y en él se muestra emblemáticos retratos como la marquesa de Santa Cruz o la duquesa de Abrantes, junto a pinturas de artistas con los que el aragonés convivió de forma natural durante más del primer cuarto de siglo, como “Retrato del pintor Francisco de Goya”, de Vicente López, o “La muerte de Viriato”, de José de Madrazo.
La sección dedicada al Romanticismo, con sus géneros de paisaje, costumbres y retrato, agrupa la obra de los principales exponentes de esta corriente tan popular: Leonardo Alenza, Gerardo Pérez Villamil, Eugenio Lucas y Antonio María Esquivel. Tras ellos, Federico de Madrazo y el purismo académico protagonizarán el tercer apartado de la exposición, dando paso a otra sala dedicada en exclusiva al gran maestro Eduardo Rosales con su famoso lienzo “Doña Isabel la Católica dictando su testamento” como protagonista.

El siguiente ámbito, dedicado a “La pintura de Historia”, agrupa trece grandes cuadros de once grandes artistas formando un espectacular conjunto en el que se incluyen algunas de las pinturas más impresionantes de las colecciones modernas del Museo: “Doña Juana la Loca”, de Francisco Pradilla,
“Los amantes de Teruel”, de Antonio Muñoz Degrain, “La rendición de Bailén”, de José Casado del Alisal, o el “Fusilamiento de Torrijos”, de Antonio Gisbert. La exposición adquiere un tono más intimista en “El paisaje realista” protagonizado por Carlos de Haes que da paso a la pintura y escultura de Fortuny y su círculo, con obras como “Viejo desnudo al sol”
o “Los hijos del pintor en el salón japonés” de Fortuny, o pinturas cosmopolitas de Raimundo de Madrazo o Martín Rico.
“Del Realismo al fin de siglo”, con pinturas de Francisco Domingo Marqués , Ignacio Pinazo, Sorolla y Beruete donde se pueden contemplar lienzos tan universales como “¡Aún dicen que el pescado es caro!” o “Chicos en la playa”,
que ponen fin a la exposición. El público también podrá disfrutar en una sala anexa de la exquisita exposición de gabinete “Goya. El toro mariposa. El vuelo, la diversión y la risa”, con la que se celebra la adquisición el pasado año del dibujo de Goya “El toro mariposa”.













































16 Marzo 2008 a las 7:51 PM |
Creo que “el cubo” de Moneo no se integra en absoluto con el antiguo Prado ni con el Monasterio de los Jerónimos. Creo también que vulnera los artículos 18 , 19 y 21.3 del II título de la Ley del Patrimonio Histórico Español.
27 Marzo 2008 a las 7:41 PM |
hola. soy estudiante de primer año de arquitectura en venezuela y necesito mucha informacion sobre el cubo de la luz de moneo para un analisis me pueden ayudar porfa si
6 Mayo 2008 a las 5:43 PM |
[...]Ryouguchi hace una visita al Prado y comenta la ampliación al “edificio Jerónimos”, más por su aspecto arquitectónico que por sus contenidos, basado en el post de Urbalis[...]
5 Julio 2008 a las 2:59 AM |
muy de acuerdo con sus comentarios. He visitado y contemplado, me he sentado – en un día explendido -en los jardines posteriores con vistas a Los Gerónimos: Rafael Moneo ES LA ARQITECTURA, la modestia y el estilo.
31 Octubre 2008 a las 10:53 AM |
Columnas de ladrillo, muy feas. Fachada naranja, monótona, pobre, áspera, seca, agobiante, desasosegante. Como la torre de la Estación de Atocha. Pero Moneo es ladrillista en casi todas sus obras, así que era de temer.
31 Diciembre 2008 a las 6:10 AM |
He utilizado esta página para un trabajo y he de decir que me ha resultado muy util. Mi enhorabuena a quien la haya hecho porque contiene información de primera.
Gracias
6 Mayo 2009 a las 9:53 AM |
Es un tanatorio, feo, pobre y tristón. Si no puedes mejorar a Villanueva no te metas.
10 Junio 2009 a las 1:17 PM |
“un mamotreto neo-clásico al cual se le fueron haciendo adiciones desde el principio del Siglo XIX, terminó siendo un objeto de culto para los españoles. En realidad no tiene grandes méritos arquitectónicos”. Hombre mamotreto lo que ha hecho Moneo. Exteriormente, lo mejor que se puede decir es que es que parece un buen centro de salud, y eso de que se integra perfectamente con el entorno …. Interiormente no me desagrada , pero la conexión del nuevo edificio con el antiguo Museo parece mas una estetica de aereopuerto o de nuevo intercambiador de autobuses, espacios amplios , pulcros, pero sin ninguna concesión estetica, me parece adecuado para las nuevas estaciones de Metro , pero no para un museo que es uno de los más importante del mundo, y en el interior del edificio, resulta soso a rabiar, cierto es que lo unico te fijas es en la obras, pero proque directamente no tienes otra cosa en que fijarte. Es curioso que degradas el edificio de Villanueva pero esalzas este otro.Ninguno de los dos tiene ningun merito arquitectonico, seguramente, pero el de Villanueva, tanto externamente como en su interior , desde la modestia,esta lleno de pequeños detalles esteticos, y artisticos que le hace ser entrañable y ser en si misma una pequeña obra de arte. El edificio de Moneo en cambio, desde la arrogancia y la falta de respeto, nos ha endosado un edificio que interiormente no dice nada con la escusa de eclipsar las obras y esternamente un de centro de salud con la escusa de la modernidad, por el modico precio de 160 millones de euros.Yo sinceramente mandaria a Moneo una ordena de alejamiento de todo edificio historico.