Es interesante comprobar cuántos jóvenes talentos arquitectónicos han aparecido últimamente en Holanda. No cabe duda que es difícil esquivar la densa sombra que proyecta Rem Koolhas, el príncipe reinante de la arquitectura holandesa, por lo que es refrescante encontrar arquitectos que han logrado una manera propia de ver la Arquitectura. Willem Jan Neutelings y Michiel Riedijk
se destacan con una postura distinta de la masa de clones de Koolhas. A pesar de que son poco conocidos en América, ha logrado establecer una sólida reputación en Europa basada en diseños innovativos, que rememoran templos primitivos, comics y decoraciones Warholianas. Pero por encima de esto, tienen algo muy escaso en los actuales círculos arquitectónicos internacionales: Sentido del humor.
El edificio para el Instituto de Multimedia de Holanda ( Netherlands Institute for Sound and Vision), claramente ha elevado su status como arquitectos innovadores. Cubierto por una piel rutilante y multicolor de vidrio, esconde una seria y reposada crítica a un mundo saturado por la propaganda y las imágenes de marketing, reafirmando la verdadera estatura de la Arquitectura como elemento heroico en la sociedad.
Hilversum es un verde suburbio al sureste de Amsterdam, conocido por ser el centro de la industria televisiva de Holanda, que ha ido incorporando a su trama urbana, una gran cantidad de obras de arquitectura relacionadas con la industria.: Las ondas en concreto de la Villa VPRO, oficinas para esa empresa de comunicaciones diseñada por MVRDV Arquitectos, en 1997.
Villa VPRO, MVRDV Arquitectos, 1997
Que se mezclan con el hermoso edificio en ladrillos de la sede del gobierno municipal de Hilversum, diseñado por Willem Marinus Dudok en 1931, considerado como un hito del modernismo del Siglo XX, todos en la calle del lado del nuevo edificio del Instituto.
Stadhuis, Hilversum, Willem M.Dudok
El edificio del Instituto, alberga los archivos y el museo del sistema nacional de radio y televisión holandés. Se ha diseñado como un cubo, del cual solo emerge del terreno la mitad. El resto está bajo tierra. Su fachada de vidrio reluciente, recuerda al exterior traslúcido de la biblioteca Beinecke para libros incunables, diseñada por Gordon Bunshaft en 1963 en la universidad de Yale.

Biblioteca Beinecke, U. de Yale, Gordon Bunshaft
Tal como muchos otros, Neutelings y Riedijk fueron muy influenciados por arquitectos de la postguerra tales como Bunshaft. Ambos edificios comparten esa brutal rigidez que les otorga justamente su gran interés, por encima de la imaginería Disneyana que corrompe a tantas obras de arquitectura contemporáneas. Ambos son edificios tensos y confiados, sin embargo las raíces del edificio del Instituto se pueden encontrar en la cultura Pop, antes que en el ethos corporativo de la postguerra americana, como es el caso de Bunshaft.
El proyecto del Instituto contó con la colaboración del artista holandés Jaap Drupsteen. Los paneles exteriores de vidrio, contienen imágenes impresas en la masa, sacadas de programas de la televisión holandesa. Podemos ver a un ministro en bicicleta o el gol de Cruyf con que Holanda ganó el mundial de fútbol. Mediante tecnología computacional Jaap Drupsteen juntó las imágenes y las horneó directamente en el vidrio.
El efecto es hipnotizante, las imágenes apenas pueden ser vistas desde ciertos ángulos, como si el edificio estuviera impreso con los recuerdos casi desvanecidos de la memoria colectiva. Pero atención!, hay en ellos una velada crítica a las tendencias culturales imperantes en la sociedad contemporánea. Estas imágenes borrosas nos recuerdan el bombardeo diario al que estamos sometidos por la televisión, los diarios, la radio, internet, cine, etc. Sin embargo se ven como congeladas en el tiempo, tal como si se las hubiera logrado domesticar temporalmente.
En el interior del edificio, esta tranquilidad de la fachada cede paso a una versión hecha para comic de la Divina Comedia, mediante la separación estricta entre distintos mundos. Los visitantes acceden mediante un puente interior que cruza sobre un atrio subterráneo.
Desde aquí un gran hall concebido como una piazza, nos lleva hacia una cafetería al borde de un espejo de agua. A un costado del hall podemos ver el museo en la forma de un zigurat. En otro, oficinas rodeadas por vidrio. El ambiente al interior del hall es similar al de una catedral gótica, en el brillo espectral que produce la luz exterior a través de la piel de vidrio de la fachada a este recinto.
En realidad es un espacio asombroso, cuyo poder radica en el contraste entre las distintas experiencias arquitectónicas que alberga: El atrio subterráneo revestido en fría piedra gris, hace un fuerte contrapunto con el estallido de color que produce la fachada vista interiormente. Los arquitectos se refieren al atrio como su “infierno”. Este también nos trae recuerdos de una tumba, con sus grandes aberturas cuadradas que muestran el inicio de pasillos pintados en rojo infernal. Los archivos están ubicados en estos corredores, donde uno supondría que los investigadores y académicos trabajan con dedicación monástica.
El sector de oficinas, no es ni uno ni lo otro, más bien se parece al purgatorio. Siguiendo líneas rectas y pulcras, abren hacia largos corredores que se asoman al gran hall central. El interior de las oficinas es mas bien contemplativo, ya que hay franjas de la piel exterior a la vista, alternándose con ventanas convencionales.
El centro del infierno en términos visuales, es el museo. Los arquitectos colocaron el acceso en un costado del hall central, como si trataran de evitar que alguien entre a él. Hay algunos indicios de la voluntad arquitectónica en su interior: los muros están cubiertos por un diseño de elegantes rombos y las dos pequeñas aberturas visibles al subir las escaleras, permiten ver la piel de vidrio exterior. Pero los arquitectos, claramente no tuvieron control alguno sobre el contenido del museo. La mezcla bastante nauseabunda de instalaciones y reproducciones de sets televisivos y mementos de la TV holandesa, produce un espasmo de horror al visitante cultivado.
Como muchos arquitectos, Neutelings y Riedijk luchan para sobrevivir y coexistir con una sociedad que está al borde de ser completamente consumida por la propaganda global y las imágenes del marketing. Lamentablemente mas que menos, la arquitectura de hoy día se está convirtiendo en una herramienta de estos intereses. El esfuerzo que hacen Neutelings y Riedijk por colocar estos mundos en esferas estancas, juxtapuestas mediante su encuentro en el hall central, reafirma sutilmente su critica a esta sociedad y le devuelve algo de dignidad al público visitante, entregando simultáneamente una potente visión sobre el futuro cultural que nos espera.




















9 Enero 2008 a las 7:27 PM |
holanda es un pais muy encantador un dia tuve la oportunidad de conocer ese pais por medio del programa spoolos y tuve la oportunidad de conocer a mi hermana que vive en hilversum ,es mi mayor recuerdo de mi vida
27 Abril 2008 a las 8:30 PM |
waooooooooo sorprendida estoy por esta obra es magnifics me gustaria estar alli y percibir todos esos colores relfejados en el piso
beatiful¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
8 Agosto 2008 a las 9:37 AM |
LOL